
Las sociedades rurales de América Latina requieren cambios creativos en materia de desarrollo institucional, de transformación productiva y de manejo sostenible del medio ambiente, que permitan la superación de la pobreza y desigualdad social. Estos cambios pueden determinar una nueva dinámica de desarrollo, en donde lo rural no constituya un problema para los países, sino un activo.
Afortunadamente están en curso numerosas iniciativas que aportan en la dirección deseada. Pero que, a pesar de su valor como espacios de experimentación e innovación, estas experiencias con frecuencia no logran proyectar sus enseñanzas y lecciones debido a la ausencia o debilidad de procesos y mecanismos que permitan una sistematización rigurosa, un análisis comparativo con otras similares, y una difusión amplia en función de criterios más generales que aquellos pertinentes para los actores locales involucrados.