I Conferencia Electrónica:
23 de marzo al 12 de abril de 2000
El caracter multifuncional de la tierra y la agricultura.
PRIMERA PONENCIA
El interesante trabajo NUEVAS FUNCIONES, NUEVAS RELACIONES. Buscando terreno firme para negociaciones sobre el uso de la tierra, realizado por Dicky de Morrée, para la reunión de Maastritch, deja claros algunos puntos que son importantes de tener en cuanta al analizar los usos del suelo en las zonas rurales. Entre ellos se desatacan:
· El uso múltiple de la tierra, que es milenario y especialmente notorio entre los pequeños agricultores y la agricultura campesina en América Latina. Un aspecto importante es la conceptualización integral del uso de la tierra y el agua, que tradicionalmente han funcionado conjuntamente, aunque hoy se presenten casos que pudieran conformar escenarios diferentes ante la presencia, por ejemplo, de los derechos de agua que pueden generar su propio mercado, independiente del de la tierra.
· La producción de bienes públicos como el paisaje, la naturaleza o la biodiversidad también han estado presentes, pero hoy toman un valor de uso creciente y entran al debate de los pagos y la posibilidad de hacer una apropiación directa a través de actividades como el agroturismo o el turismo rural que han adquirido alguna importancia en varios países Latinoamericanos.
· Un aspecto para rescatar tiene que ver con la institucionalidad que permita a los actores hacer un uso múltiple de los recursos de suelo y agua. Se trata de una idea funcional que contribuya a hacer posible la explotación potencial de los recursos y a ejercer, de hecho, el potencial de los mismos. Este es un punto de interés en el caso de los países en desarrollo en donde los activos naturales tienen preponderancia sobre los activos financieros y el capital humano no siempre encuentra los medios para expresar su capacidad productiva
· Es claro que tanto la escala o los sistemas objetivos hacen parte integral de la discusión, tanto como la sostenibilidad de la base productiva.
· Finalmente, el trabajo ofrece una serie de ejemplos y enfatiza algunos métodos de resolución de conflictos que aplican a casos de divergencias creadas por la multiplicidad de intereses de los interesados en los usos del suelo y el agua.
Los argumentos y puntos de vista contenidos en este trabajo si bien son, en general, aplicables a muchos contextos, deben ser adaptados a algunas de las condiciones y requerimientos preponderantes que son fácilmente detectables en muchas zonas de América Latina. Para los efectos de la conferencia electrónica del Grupo Chorlaví, a continuación se mencionan tres aspectos interesantes, con el objeto de plantear puntos de vista que sirvan de inicio de la discusión que queremos realizar en torno a estos conceptos:
Los espacios geográficos
Las transformaciones del entorno rural en una gran proporción del territorio de Latinoamérica requiere examinar el concepto de multifuncionalidad en un ámbito conceptual más amplio. La rur-banizacion de amplias zonas requiere adoptar en concepto de espacios o regiones en los que no siempre es posible ni deseable por razones sociales, económicas, políticas y pragmáticas- pensar separadamente entre zonas rurales y zonas urbanas. En muchas áreas de nuestros países es necesario pensar en espacios de producción-consumo que incluyen núcleos de vida de corte urbano, pero que mantienen una dependencia económica y una confluencia cultural de corte rural.
Desde el punto de vista de los recursos productivos, la multifuncionalidad se extiende al desarrollo de centros poblados y a la diversificación de uso, no solo del capital natural sino del capital humano (de hecho, al rededor de 45% de los ingresos rurales en América Latina se originan en actividades no agropecuarias). Actividades de transformación, comercio y servicios ocurren hoy en estos espacios, marcando actividades económicas que modifican la producción primaria (agropecuaria) y que generan usos muy variados del espacio físico (suelo), para asimilar las actividades económicas no tradicionalmente rurales.
Esta condición implica que las necesidades de soporte son aún mayores que las referidas en el trabajo Holandés. No es solo que la legislación en la mayoría de países está lejos de reconocer esta situación de hecho, sino que los servicios de soporte a la producción tienen que sobrepasar la simple producción agropecuaria para incorporar otras actividades productivas. El debate sobre el valor de los bienes públicos y la propia base de la competitividad de os hogares que habitan esos espacios, debe ser motivo de innovaciones e incentivos que conjuguen la capacidad del Estado con las posibilidades reales de los actores e interesados. Los activos públicos (servicios de infraestructura, por ejemplo), requieren inversiones de gran calibre y las inversiones privadas necesitan incentivos que atraigan capitales.
La competitividad de los hogares y la sostenibilidad de los recursos
Ni los conceptos de sostenibilidad ni de competitividad son materia de discusión en la concepción actual del desarrollo de las sociedades. El trabajo Holandés es pródigo en argumentos y ejemplos aplicados. Sin embargo, América Latina enfrenta un reto aún superior al enunciado en este trabajo. No es suficiente producir conservando la base de recursos productivos. América Latina necesita crecer (aumentar la productividad) y recuperar, conservar y mejorar la base de recursos productivos (capital natural, humano y social).
En este sentido es útil revisar algunos de los argumentos sobre el pago por bienes públicos y, en general, la decisión de la sociedad en invertir en el cuidado y mejoramiento de sus recursos, incluyendo, por supuesto, la educación como el principal medio de acumulación de capital humano.
Cómo competir con productos agrícolas en un comercio relativamente abierto y altamente subsidiado en los países del norte? Esta es una pregunta de naturaleza política, ya que los principios económicos de la respuesta son conocidos y, en todo caso, fácilmente calculables.
Es interesante, escudriñar y aprender un poco de las estrategias que desarrolla el pequeño productor, justamente tomando ventaja de este carácter multifuncional de los recursos y los espacios en que opera. En términos generales, la economía de la producción de la pequeña agricultura no resiste mayor análisis. Financieramente, es una actividad que frecuentemente arroja pérdidas por períodos prolongados. Sin embargo es una actividad permanente, también en términos generales. En este punto es interesante reconocer que la sostenibilidad de los hogares rurales pobres está íntimamente ligada a las estrategias de vida y no sólo a la economía de la producción. La múltiple utilización de la mano de obra, la diversificación de las fuentes de ingreso, la migración permanente y/o temporal, las remesas de migrantes, las transferencias y las transacciones no monetarias pasan a formar un conjunto de posibilidades que marcan la competitividad de las familias en los espacios rurales. No es posible entender la permanencia de las familias en ciertas condiciones, si no se miran y se entienden las estrategias de vida. En este sentido, las necesidades de políticas diferenciadas, de incentivos específicos y de soporte a actividades múltiples imprimen una complejidad formidable a cualquier plataforma para la negociación de opciones de desarrollo, ya que no es solo el manejo de los recursos el tema de negociación en América Latina.
Las estrategias y la planificación participativa
Un aspecto que debe rescatarse del trabajo que analizamos es la recomendación de impulsar la planificación participativa de abajo hacia arriba, la cual está unida a la descentralización y el fortalecimiento de los gobiernos locales.
Tampoco en estos conceptos existen puntos de mayor discrepancia. Sin embargo, en América Latina asistimos a una realidad un poco diferente. Todavía manejamos una buena proporción de los recursos públicos bajo la bandera de la respuesta a la demanda, tal como fue concebida por las agencias multilaterales. Esto quiere decir, que utilizamos empréstitos externos en un esquema de corto plazo y de respuesta a necesidades puntuales inmediatas. Como se ha planteado en algunos trabajos, estos esquemas no solo introducen problemas en la focalización de la población objetivo sino que se centran en acciones que no necesariamente suman para conformar un proceso de desarrollo robusto que permita niveles aceptables y sostenibles para la sociedad.
En América Latina parece necesario antes de la planificación del nivel local, disponer de una estrategia de nivel regional y nacional que marque las grandes trayectorias, determine ejes de trabajo y asigne actividades preferenciales basadas en ventajas comparativas, localización del capital humano y posibilidades en el comercio. Sobre esas bases, la planificación participativa será eficiente y factible, siempre que, de otra parte, exista la fortaleza local para realizar un trabajo dirigido en el que las negociaciones de la plataforma alcancen la capacidad e ser potenciadas por un robustecido gobierno local y por un compromiso real de los actores e interesados en el proceso de desarrollo.